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miércoles, 23 de enero de 2013

La historia para crear odio

Pedro Salmerón Sanginés

@salme_villista

No fue fácil escribir este artículo. Lo hice con la impresión de estar dándole importancia a cosas que no la tienen; sin embargo, creo que hay que llamar la atención sobre ciertas ideologías y corrientes semisecretas que parten de una historia de odio y promueven un presente de odio. Y es que durante mi campaña contra los falsificadores de nuestra historia, encontré algo que va más allá: esa historia en que campean la hiel, la incapacidad absoluta de comprender y la certeza de hablar desde la verdad revelada. Entre estos historiadores del odio se cuenta el señor Enrique Sada Sandoval, quien entre otros sitios, escribe con frecuencia largas peroratas de tema histórico en El siglo de Torreón. Mostraré su método con base en su artículo del 1º de julio: Una intervención norteamericana en La Laguna...

sábado, 22 de diciembre de 2012

Falsificadores de la historia: Zapata reaccionario

Pedro Salmerón
@salme_villista

En entregas anteriores mostramos que las opiniones de Macario Schettino, Luis González de Alba, Armando Fuentes Aguirre Catón o Juan Miguel Zunzunegui sobre la Revolución Mexicana carecen de sustento. Para sostenerlas mienten y descalifican cualquier idea o proyecto de los caudillos populares. Así, para todos ellos, Zapata es solamente un reaccionario sin ideas. Citemos sólo al licenciado Villalpando:

Zapata no fue un revolucionario, sino todo lo contrario [...] La rebelión encabezada por Zapata se hizo para que los campesinos permanecieran en la estática histórica, para que no evolucionaran, para que conservaran la forma ancestral de vida que tenían y siguen teniendo. Es decir, Zapata fue un revolucionario reaccionario que luchó para que los hombres del campo permanecieran en el estado en que siempre habían vivido [...] Zapata quería volver al sistema colonial [...] y eso no es ser revolucionario ni abanderado de las causas de los pobres. Más bien, son ganas de seguir siéndolo (Batallas por la historia, pp. 331-332).

viernes, 21 de diciembre de 2012

"Jóvenes manipulados por la CIA" por @salme_villista


Pedro Salmerón Sanginés
@salme_villista

Hace unas semanas se realizó un coloquio sobre movimientos sociales en la Dirección de Estudios Históricos del INAH, en el marco del cual Ariel Rodríguez Kuri y Francisco Pérez Arce presentaron espléndidas ponencias sobre el movimiento de 1968. En la ronda de intervenciones, voces del público —voces jóvenes— mostraban notable extrañeza y desazón ante las justificaciones oficiales y oficiosas de la represión. La sensación entre ellos era “¿quién en su sano juicio puede creer que el movimiento fue resultado de una conspiración contra México?”

Les respondí entonces y lo reitero ahora: una parte de México para quien la historia inmediata está formada por prejuicios que no tienen que investigarse, de los que no se duda. Así, para el distinguido panista Luis Pazos, la masacre de Tlatelolco puede resumirse en tres renglones: “El 2 de octubre, en un intento de desestabilizar al gobierno, un grupo interesado en crear caos y confusión para que no se celebraran los juegos olímpicos, propicia las víctimas de Tlatelolco” (Historia sinóptica de México, p. 139).

lunes, 17 de diciembre de 2012

Falsificadores de la historia: "Villa, asesino desquiciado"

Pedro Salmerón
@salme_villista

Para los falsificadores de nuestra historia Pancho Villa era un asesino sin ideología. Dice Villalpando: en cuanto a Villa, quizá en el fondo no tenía bandera ideológica y por eso fue tan popular: sólo destruía (Batallas por la historia, p. 327). Además, un demente, como dice Zunzunegui rizando el rizo de una ocurrencia de Enrique Krauze (quien la toma de algunos intelectuales que detestaban al centauro del Norte): Villa era maniaco-depresivo, o de plano bipolar. Pero lo que nos interesa es la lapidaria frase del mismo Zunzunegui (que podría ser de Catón, Pazos, Schettino o González de Alba): no hay ideología en Villa (La historia de una matanza por el poder, pp. 69-71). Sólo puede afirmarse eso absteniéndose de leer las pruebas aportadas por Friedrich Katz, Paco Ignacio Taibo II (o en mi libro La División del Norte).

miércoles, 21 de noviembre de 2012

¿Cambió al país la Revolución mexicana? por @salme_villista

Pedro Salmerón Sanginés
@salme_villista

Indudablemente: en las tres décadas que siguen al fin de la lucha armada, México dejó de ser un país casi despoblado, con 72% de analfabetismo y 85% de población rural; un país exportador de materias primas baratas y e importador de bienes de producción y consuma caros; una semicolonia de las grandes potencias en que imperaban el privilegio, la desigualdad y
en el que había condiciones de trabajo cercanas a la verdadera esclavitud humana, para duplicar su población, abatir el analfabetismo, reducir de manera visible los abismos sociales y lanzar a México por la vía de la modernización capitalista. Sólo quienes no estudian los hechos concretos de la historia nacional, los números y las estadísticas, pueden seguir afirmando que se revolucionó todo para no cambiar nada, o peor aún, que México perdió 75 años.

sábado, 20 de octubre de 2012

Falsificadores de la historia: "rigor y seriedad"..poniendo en su lugar a Villalpando

 Pedro Salmerón
@salme_villista

El licenciado José Manuel Villalpando ocupa desde hace años un lugar destacado entre los falsificadores de nuestra historia, por sus libros y sus programas de radio, y también porque Felipe Calderón le encargó la coordinación de los festejos del bicentenario y la dirección general del Inehrm. Villalpando suele decir que alguno de sus trabajos equivale a un doctorado en historia. 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Falsificadores de la historia: cuando los mexicanos ganan guerras

 Pedro Salmerón
@salme_villista

Aunque a los falsificadores de nuestra historia no les guste, la jornada del 5 de mayo de 1862 fue una victoria. Algunos aceptan que esa escaramuza se medio ganó (¿?), pero que la guerra se perdió, como dicen Catón, Zunzunegui o Schettino, quienes quizá viven en un imaginario protectorado francés o son súbditos de un emperador.

viernes, 24 de agosto de 2012

Notas para entender a Juárez (Parte 3)

Pedro Salmerón
@salme_villista

La amenaza extranjera:

La segunda mitad de 1859 fue casi mortal para la República. Las leyes de Reforma exacerbaron las pasiones y recrudecieron la guerra civil. Los conservadores se empeñaron en acentuar el carácter religioso de su lucha denunciando las propias leyes y algunos hechos concretos de los liberales, que para los conservadores eran sacrílegos, como el que los gobernadores de Zacatecas y Michoacán, Jesús González Ortega y Epitacio Huerta, tomaran la plata de los templos para armar a sus ejércitos.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Notas para entender a Juárez (Parte 2)

Pedro Salmerón
@salme_villista

En 1858, cuando empezó la guerra de reforma, la joven nación mexicana había ensayado distintas formas de gobierno y parecía haberse equivocado en todas. Fracasaron la monarquía moderada; la República democrática, representativa, popular y federal; la República centralista de democracia selectiva y la dictadura militar. Tres constituciones y varias reformas a las mismas habían decepcionado las esperanzas que la nación había puesto en ellas, y una cuarta y recientísima constitución provocó la guerra civil. Cuatro ejércitos extranjeros habían pisado en diversos momentos el territorio nacional y en esas guerras se había perdido la mitad del territorio nacional sin que, a cambio de las derrotas, se construyera entre los habitantes el sentimiento de nación. La República estuvo más de una vez en riesgo de fragmentarse, como había ocurrido con Centroamérica y con la Gran Colombia y, la gente humilde se había amotinado o rebelado repetidas veces, empujada por el hambre y la desesperación. Algunas de estas rebeliones mostraban claramente que ninguno de los intentos por constituir a la nación había tomado en cuenta a su mitad indígena.

lunes, 20 de agosto de 2012

Notas para comprender a Juárez (Parte 1) @salme_villista

Pedro Salmerón
@salme_villista


 Es fácil descalificar a los hombres del pasado cuando se cree que las cosas eran entonces igual que ahora, el país el mismo, la situción, los principios, las ideas, las que nosotros poseemos. Hay mexicanos que leen así la histopria y ven en la época de Juárez una continua traición a la patria y a en los hombres de entonces, meros títeres o personeros de una conspiración mundial. Como yo veo que México existe y veo que existe a pesar de las bases tan endebles con las que surgió, entiendo otra cosa. Los invito a que me acompañen en una revisión de esas bases.



Los Iturbidistas ven el mapa del Imperio y suspiran por la gloria perdida. Creen, como los criollos del siglo XVIII, como los que leyeron mal a Humboldt, que la Nueva España, devenida en Imperio Mexicano, tenía todas las cartas para convertirse en la gran potencia continental y que la caída del emperador y los posteriores gobiernos, nos sumieron en la ignominia. El primer problema suyo es que no ven bien el mapa: miran California y piensan en la viña y el pomar y hasta en Hollywood; miran Texas y ven millones de vacas y de barriles de petróleo y no lo que entonces eran: desiertos. Olvidan algunas claves, como la un país con una densidad de población inferior a los dos habitantes por kilómetro cuadrado. Creen que Iturbide podría haberlo hecho mejor que quienes lo sucedieron y olvidan la facilidad con la que cayó del poder, olvidan la fragilidad pasmosa de su poder, la inexistencia del Estado.



En 1848, tras una guerra desastrosa, México tuvo que entregar a los Estados Unidos dos millones de kilómetros cuadrados, pero se quedó prácticamente con los mismos ocho millones de habitantes de antes de la guerra, pues los territorios perdidos estaban casi deshabitados, lo mismo que buena parte de los que se conservaron: era bajísima la densidad de población en todo el norte y en todo el trópico: cinco de los ocho millones vivían en el altiplano central. El 90% de la población vivía en aldehuelas y ranchos y sólo el 10% se apretujaba en 25 pequeñas ciudades. La esperanza de vida era de 24 años y si bien la tasa de natalidad era de 40 por millar al año, la mortalidad infantil era tan alta que la población no crecía. Las epidemias hacían inhabitables los trópicos y diezmabas a la gente de la ciudad.



En 37 años de vida independiente, las esperanzas de los criollos de convertir a México en la nación más rica, próspera e igualitaria del mundo, eran cada vez más irrealizables. Habían menguado la fuerza y la fortuna de la sociedad, y se acentuaba la desigualdad. En las ciudades, fuera de pequeños grupos de mineros, mercaderes y comerciantes, un clero poseedor de muchos bienes inmuebles y agiotista, que acaparaba la quinta parte de la riqueza nacional, y una reducida clase media, la gente vivía en la pobreza, la suciedad y la ignorancia, entre robos y cuchilladas, en la holgazanería del que no tiene trabajo ni esperanzas.



En el campo, la gran masa del pueblo empobrecido se encerraba en multitud de pequeñas aldeas aisladas, en endebles y restringidas economías de autoconsumo. La vida rural era el vivo retrato del infortunio: dentro de ese país pobre y dividido, la peor parte la llevaban los campesinos, que formaban el 80% de la población. La agricultura, sin tecnología moderna, sin riego ni abonos, sujeta a la inestable temporada de lluvias, satisfacía las necesidades elementales: maíz, frijol y chile eran los cultivos principales; caña de azúcar, café y tabaco para los gustos de los ricos; maguey para las bebidas. Sólo algunas haciendas, con mano de obra sobreexplotada, producían algodón, añil y vainilla para un mercado más amplio. No había forma de capitalizar el campo, de mejorar sus condiciones; no había tampoco vías de comunicación para vender los productos de la tierra lejos de su lugar de origen.



Muchas de las numerosas naciones indígenas eran nómadas o seminómadas, dedicadas parcialmente a la agricultura, con los métodos más primitivos que puedan imaginarse. Algunos de estos grupos, como los apaches y los comanches, tenían asoladas y casi despobladas grandes extensiones de los estados de Sonora, Chihuahua y Coahuila, y amenazaban todo el norte.



La modernidad tecnológica sólo había llegado a algunas minas y manufacturas. Aunque la producción minera se triplicó entre 1821 y 1850, aún no alcanzaba los niveles de 1808, cuando a causa de las guerras europeas y de crisis internas, inició un rápido declive de la producción de plata, que durante tres siglos fue casi nuestro único producto de exportación. El comercio exterior era la rama más vigorosa de la economía, pero la venta de minerales preciosos y la compra de artículos suntuarios no aprovechaban a la nación. El comercio interno era casi nulo, pues no había una sola vía natural de comunicación y los caminos, escasos y malos, estaban infestados de bandidos. Los costos y riesgos de trasladarse de una parte a otra habían reducido el comercio a su mínima expresión. Todavía las elites creían que México era potencialmente rico, pero lo cierto es que se producía muy poco y que el escaso producto estaba muy mal distribuido.



Los grupos privilegiados aspiraban a concentrar en sus manos toda la riqueza, y las haciendas crecieron en detrimento de las tierras de los pueblos y de las comunidades, lo que generó inconformidades y resistencias que, a partir de la derrota en la guerra contra los Estados Unidos, se tradujeron en las formidables rebeliones indígenas de Yucatán, Sierra Gorda y Nayarit. Pero esta hambre de tierras y bienes, común a las elites y a las clases medias, se traducía también en la presión para que salieran al mercado las vastas propiedades de la Iglesia, además de las tierras del Estado, de los pueblos y de las comunidades.



La pobreza de la producción no era sólo resultado de la mala organización social: tenía sus raíces en la geografía. México estaba aislado del resto del mundo. Los dos océanos no representaban para nuestro país las magníficas vías de comunicación que eran para otros, pues los puertos eran pocos, malos y separados de la parte habitada del territorio por regiones insalubres y abruptas serranías. La frontera sur no nos acercaba al mundo y la nueva frontera norte era un desierto deshabitado, asolado por los apaches y los comanches.



La tierra agrícola era poca y mala. Más de la mitad del territorio nacional es montañoso y las serranías no sólo dificultaban la agricultura y la ganadería, también eran un obstáculo enorme para las comunicaciones y la creación de mercados. A las montañas hay que sumar los desiertos y semidesiertos. México está ubicado a lo largo del trópico de Cáncer y buena parte de nuestro territorio se encuentra en la franja geográfica de los grandes desiertos del hemisferio norte. Debido a esa situación, el 43% del territorio nacional está constituido por zonas áridas y el 34% por regiones semiáridas, en donde, para levantar cosechas, se depende del riego o de un régimen de lluvias irregular. Muchas de las tierras con agua suficiente eran improductivas e inhabitables a mediados del siglo XIX, por ser extremadamente insalubres.



El principal factor limitante de la agricultura en México es la falta de agua. Los ríos son escasos, irregulares, de cortos y pronunciados recorridos y de muy difícil aprovechamiento en su estado natural, por lo que a mediados del siglo XIX prácticamente no había en México tierras de riego. Toda la gran plataforma continental, que comprende la planicie septentrional o mexicana, la planicie meridional o del Anáhuac y la depresión del Balsas, que abarcan más de la mitad del territorio nacional y en donde se concentraba casi toda la población, carece de un abastecimiento de agua suficiente.



Ese país pobre, rural, aislado, con una población analfabeta y sin sentimiento de nación, fue el que encontraron Juárez y sus compañeros cuando en enero de 1858 se pusieron nominalmente al frente del gobierno.

sábado, 18 de agosto de 2012

Falsificadores de la historia: cuando los mexicanos ganan batallas

Pedro Salmerón Sanginés 
@salme_villista

En la anterior entrega dijimos que por odio a Juárez y al liberalismo, los falsificadores Macario Schettino, Catón y Zunzunegui inventaron que la batalla del 5 de mayo no se ganó, o que fue una escaramuza sin importancia que se ganó gracias a las torpezas de los franceses; una escaramuza sin importancia en una guerra que se perdió en el campo de batalla; una guerra que terminó cuando los franceses se retiraron por las presiones de Estados Unidos y Prusia.

domingo, 5 de agosto de 2012

De la sangre derramada por el PRI @salme_villista

 Pedro Salmerón

El PRI nació en 1946, a partir del Partido de la Revolución Mexicana. Se ha dicho que durante su prolongado mandato el país vivió en paz y estabilidad. Sin embargo, esa paz solo existía en los medios de comunicación férreamente controlados por el Estado y estaba sustentada en la represión permanente. Aquí mostramos solo unos botones de la “paz priísta”, año con año.

1947. El gobierno inició la ofensiva contra los sindicatos para convertirlos en apéndices corporativos del poder público, purgando la CTM y los sindicatos nacionales de industria de los dirigentes auténticos, con la colaboración del secretario general de la Central Obrera, Fidel Velázquez. Las purgas se hicieron a través de amenazas a los trabajadores, fraudes electorales, ofensiva mediática y encarcelamiento de dirigentes.

viernes, 3 de agosto de 2012

Falsificadores de la historia. La derrota del 5 de mayo @salme_villista

 Pedro Salmerón Sanginés

Aunque intenté no enterarme, me contaron que los festejos de la batalla del 5 de mayo fueron casi tan frívolos, onerosos e insustanciales como los que organizó el gobierno federal en 2010. El gobierno poblano desperdició una excelente oportunidad de corregir el rumbo, pero, en lugar de ello, prefirió seguir la pauta marcada por José Manuel Villalpando en materia de desmemoria y despilfarro. En consecuencia, se gastaron millones de pesos y nadie supo para qué se libró la batalla del 5 de mayo.

miércoles, 6 de junio de 2012

Historiadores y antropólogos entregarán documento a equipo de #AMLO

Boletín de Prensa


El próximo 7 de junio a las 11 de la mañana, en el Centro Cultural Donceles 66 —situado precisamente en Donceles 66, colonia Centro—, se realizará una conferencia de prensa para dar a conocer públicamente el pronunciamiento de un grupo de historiadores y antropólogos de cara a la coyuntura electoral y el futuro del país. La posición del grupo está resumida en un documento titulado “La historia que necesitamos para el país que queremos”, disponible en http://politicahistoriografica.wordpress.com desde el pasado primero de junio.

lunes, 19 de marzo de 2012

Falsificadores de la historia de México (Parte 3) Pedro Salmerón

LA INDEPENDENCIA DE TEXAS ¡Y LA DE CALIFORNIA!

La misión principal del “desmitificador” Juan Miguel Zunzúnegui consiste en manipular la historia para mostrar que los mexicanos somos los principales enemigos de los pocos que han intentado sacarnos de la condición de conquistados que nos autoimponemos. Que todos nuestros males los hemos provocado nosotros mismos desaprovechando las fabulosas potencialidades que teníamos y tenemos (Patria sin rumbo, Mitos de los primeros años independientes, pp. 24-25; México: la historia de un país construido sobre mitos, p. 155). Hay que desmitificar a México, repite en todos sus libros, para que pueda verse en su realidad, que no es otra –en versión Zunzúnegui- que una vulgarización bastante rupestre de la ontología del mexicano de Emilio Uranga, Samuel Ramos y Octavio Paz.

lunes, 12 de marzo de 2012

Falsificadores de la historia de México (Parte 2 -El odio al cura Hidalgo) Pedro Salmerón

Los “desmitificadores” de que hablamos en el artículo anterior han dedicado miles de páginas a “desacralizar” a los “falsos héroes”, empezando por el primero de ellos: don Miguel Hidalgo y Costilla. Se han impuesto como tarea convencernos de que era un criminal y no hay razón ninguna para llamarlo padre de la patria, sólo que al hacerlo, como acostumbran, mienten y falsifican la historia.

viernes, 9 de marzo de 2012

Falsificadores de la historia de México (Parte I) Pedro Salmerón

A raíz de las reformas educativas de 1992-1993 y con mayor énfasis desde el triunfo del PAN en las elecciones de 2000, ha estado de moda denostar lo que ha dado en llamarse “historia oficial”. No defenderé yo la antigua versión priísta de nuestro pasado, pero sin duda, los desaforados ataques que ha recibido han hecho cada vez más precaria la enseñanza de la historia, debilitando nuestras consciencias.

A la moda del denuesto siguió inmediatamente después la de los “desmitificadores”, que como adolescentes tardíos y repitiendo frases y argumentos de Francisco Bulnes y José Vasconcelos, se lanzaron a “desmitificar” y “desacralizar” la historia de México, vaciándola de contenido y tratando de construir una nueva versión en lugar de la anterior, como si todo el conocimiento histórico se redujese l de los programas de la SEP y los libros de texto… quizá porque algunos de estos “desmitificadores” no habían leído más libros de historia que esos.