viernes, 13 de julio de 2012

(Opinión) Del abreviadero personal - Alejandro Aguilar Zeleny




Quien lee diez siglos en la historia
y no la cierra al ver las mismas cosas,
siempre con distinta fecha,
las mismas guerras, los mismos nombres,
los mismos errores

León Felipe

            La sabia voz del poeta hispano alumbra en la distancia, retumba en la conciencia, aunque hoy nuestra actitud debe ser muy otra. No podemos cerrar sólo porque sí las páginas de la historia, pretenderlo es un error.
            Otro era el tiempo, otra la edad del poeta, el trasiego de los días que nos carcome y pone en mil actitudes.
            Pienso en esto hoy, cuando veo las cosas de mi tierra. Las mismas cosas, los mismos nombres…

¿Dónde nos encontramos?

Entre el año nuevo comcáac

y la ceremonia del desierto o’odham

que son: El florecimiento de las pitahayas, el inicio de las lluvias

            el renacimiento del desierto y de la vida de su gente.

                                               pero ya no como antes.


Los agricultores de la sierra,
que siguen celebrando la existencia y los dones divinos y del maíz

saben claramente que el ciclo ha variado profundamente

y ése no es el único de los riesgos del presente,

por eso cantar y bailar para algunos sigue teniendo significado,

mientras para otros todo se va desvaneciendo en sus contornos y en su esencia.

Hemos destruido mundos y culturas, territorios y recursos.

Bosques de pino, de mezquite y de sahuaro, bosques de encino y toda la vida contenida en ellos está siendo arrasada.

            Nuestro esquema de vida no es duradero,  prolongamos la agonía,

Pero no remediamos los problemas de fondo.



Grandes y graves planes hay por todo nuestro alrededor

En la agricultura y ganadería, de químicos y transgénicos:

            hay más planes de los que nos han confesado o nos hemos podido enterar.

Hemos entregado la minería a potencias extranjeras, el comercio, y muchas cosas más.

Planes y acuerdos no nos toman en cuenta a la mayoría

            Y todo es difícil de remediar, sobre todo si no se intenta.

Algunas de las cosas que dieron sentido a la independencia y la revolución,

            tienen que ser construidas de nuevo.

Aunque no todos se dan cuenta, deciden darse cuenta, o hacer algo al respecto.

            Estar equivocado y vivir feliz, a pesar de los pesares,

para muchos es algo más seguro

que el abismo de la conciencia y la ubicuidad.

Hace más de cien años la gente comenzó a exclamar

            Sufragio Efectivo, No Reelección.

Hoy muchos dicen Sufragio Efectivo, No a la Imposición,

            Lo que a mí me suena como reelección de algo

que no ha mejorado en su forma de ser.

Es más, la forma de ser pierde importancia, y lo importante parece ser la forma.

Como muchos escuché a la gente decir: Voy a votar por él,

para tener un presidente guapo.

            “Guaponer una demanda…” se me antojaba decir, entre otras muchas ideas.







Como veo las cosas me da la impresión de que el hijo adolescente hizo un berrinche,

por el autoritarismo de un papá, más bien decrépito. El papá le prestó el carro al hijo por

doce añitos, para compensarlo por los malos ratos y los prolongados tragos amargos.

El hijo hizo sus desmanes y al doceavo año se cansó de la travesura del poder
           
y regresó las llaves.

            Y no encontró forma digna de pedirle perdón a papá,

por lo que finalmente se puso de rodillas y pidió perdón, rabiando entre dientes.


            Yo tengo una credencial muy práctica que me sirve en los bancos y en los

autoservicios, principalmente; a veces la uso para otros trámites,

pero fuera de eso ahora me doy cuenta de que en realidad

no sirve para nada.

Menos en un mundo de simulación:

¿En qué ciudad un tubo aparece por la mañana, lo cuidan los perros todo el día

y desaparece por la noche? Hasta parece fábula de Esopo.

Se desataron las luchas por el agua y es como si peleáramos por un baldecito de agua

para la sed de un desierto en vías de calentamiento global.

            Esto es el cuento de nunca acabar, lo que arreglamos por un día

nos lo descomponen por la noche.

Las sólidas instituciones, fruto de la lucha armada, se nos han venido desgüanzando,

Estamos inseguros y sin seguros, sobre-devaluados y concesionados.

Estrenamos de lujo equipos y armamento, carros de distintos tamaños, cascos,

            escudos y tácticas.

El sistema electoral tiene un pequeño problema: apesta, y si apesta

            es porque trae algo podrido dentro, hay que limpiarlo de pies a cabeza.



Y si éste que era un logro todavía hace algunas semanas, hoy es una evidencia

más del fracaso del sistema político / económico y social.

            Claro que las cosas están para llorar,

pero no por eso nos hemos de soltar llorando,

            sin embargo se vale llorar, si el llanto aclara nuestra conciencia

                                                                       y nos hace mover los pies.

La apuesta es en realidad muy incómoda.

Apostarle siempre a la paciencia, la excesiva tolerancia, el miedo, el temor, el confort,

la seguridad que da el marido pegón o la mujer celosa,

o cualesquiera de las variantes  con que con cierto sentido del humor tratemos de ver
           
            la realidad,

son tan sólo metáforas de las señales de un desastre que no queremos comprender.

Todo está conectado, aunque no queramos ver la conexión en sí.

El incendio de la guardería,

 Las guerras del narco,

            las pugnas por el poder, la corrupción, el ocultamiento,

            los negocios chuecos al amparo del estado y sus filiales,

los negocios familiares con cartas de recomendación oficial.

Los hilos ocultos y cada vez más posible de este poder corrompido por años.

            Por eso el temor y la desconfianza a las redes sociales que nos ayudan a ver.

¿Quién le dio poder a los hombres de las calcomanías de alas verdes?

¿Quién contrató gente para ejercer amenazas, intimidar y otras prácticas aún vigentes?







La ceguera de esta lucha es no medir las consecuencias

            de confrontarnos unos a otros y hacernos enemigos mutuos,

mientras los administradores del poder se reparten las regalías para un nuevo ciclo,

igual de descompuesto como horas antes.


No puedo evitarlo, soy un pesimista optimista, sé que los resentimientos

de quienes creen seguro el poder, pueden ser altamente nefastos.

Conjuremos con todas nuestras energías el oscurantismo,

Conjuremos a las aves malsanas del poder policiaco y militar.

Creo que como muchos no deseamos escuchar el sonido

de los helicópteros sobre nuestras cabezas, sabiendo que no nos van a ayudar.

Muchas veces me he preguntado de qué privilegio gozamos

Al no sufrir tan despiadadamente de gas lacrimógeno, chorros de agua,

escudos y toletes. No porque podamos desear algo así,

            sino porque entre todos debemos evitarlo.

Que si falla el camión, que si está muy cara la luz, que si el súper te traiciona,

            que si los políticos ganan demasiado, hacen muy poco y aún nos mienten.

Ese es el riesgo de la ruptura de este aparente desarrollo sustentable con que

            nos han querido arrullar.

La verdad es que no vendrá nada ni nadie a salvarnos de nosotros mismos,

si antes no hacemos algo por nosotros mismos, nosotros mismos.

¡Propuestas! ¡Planes! ¡Proyectos! ¡Decisión!

            Todos podemos gritar cosas así y esperar que las cosas cambien…






Me temo que así no podrán ser las cosas, luego entonces: Dialoguemos, escuchemos

ideas y propuestas, no adjetivos e insultos, aunque se nos derramen de la garganta.

            Tratemos de ser mejores gentes, en cualquier partido puede haber gente con

ética y conciencia, ejérzanla sanamente, no están obligados a agachar siempre

la cabeza por un proyecto político que en realidad no nos incluye a todos.

Sólo así nos salvaremos de romper puertas y ventanas, buscando un nuevo horizonte.






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