Por Victor Hernández
El primer debate presidencial estuvo de güeva infinita. Insípido, aburrido, con las mismas cubetadas de caca de siempre, y sin nada realmente novedoso en términos ni de propuestas ni de información. Vaya, ni de chistes.
Qué tiempos aquellos en los que AMLO balconeaba a FeCal o a Peña Nieto en los debates, o cuando le dijo "Riqui Riquín Canallín" a Ricardo Anaya y se escondía la cartera. Esta vez vimos a una candidata que evidentemente no quería estar ahí (Claudia Sheinbaum), otra candidata que cuando levantaba la cubeta de caca para tirarla le caía encima (Xóchitl Gálvez), y otro güey que nomás estaba de relleno poniendo cara de pendejo.




